Entre la Mezquita y el comienzo de la Avenida del Gran Capitán se encuentra la Judería, el antiguo barrio judío de Córdoba. Una fascinante red de callejuelas, es tan atmosférico como el Barrio Santa Cruz de Sevilla, aunque aquí también las tiendas de recuerdos de mal gusto están empezando a ganar terreno.

Sinagoga de Córdoba

Cerca del corazón del barrio, en la c/Maimónides 18, se encuentra la Sinagoga (martes-sábado 9.30-14.00 y 15.30-17.30, domingo 9.30-13.30; 0.30 euros, gratis con el pasaporte de la UE), una de las tres únicas en España -las otras dos están en Toledo- que sobrevivieron a la expulsión de los judíos en 1492.

Esta, construida en 1315, es diminuta, sobre todo en comparación con la gran Santa María de Toledo, pero tiene un fino estuco elaborado con un motivo de sello de Salomón junto con textos hebreos de estilo mudéjar, y también conserva su galería de mujeres.

Justo al sur de la sinagoga, en la plazuela que lleva su nombre, se encuentra una estatua de Maimónides, el filósofo, médico y jurista talmúdico judío nacido en Córdoba en 1135.

Museo Taurino de Córdoba

En la misma plaza el pequeño Museo Taurino (Museo Taurino; martes-sábado 10-14 y 17.30-19.30, domingo 9.30-14.30; 3 euros, gratis el viernes) merece una mirada, aunque sólo sea por el carácter kitsch de sus exposiciones: entre varias cabezas de toros montados (algunas de ellas del siglo XIX), dos de ellas recibieron este "honor" por haber matado a matadores.

Manolete

Junto a una copia de la tumba de Manolete, el más famoso de los combatientes de la ciudad, se exhibe el pellejo de su némesis taurina, Islero. Además del chaleco manchado de sangre de Manolete de su desafortunada corrida de 1947, se exhiben también carteles de corridas de toros del siglo XVIII y una serie de fotos de 1914 que muestran a un torero siendo corneado y asesinado.

Finalmente, cerca de la esquina noreste de la Mezquita, no hay que perderse la calle más famosa de Córdoba, el Callejón de las Flores. Es un callejón de paredes blancas desde cuyos balcones y ollas colgantes cae en cascada un motín de geranios en verano y que, visto desde su extremo norte, enmarca perfectamente el campanario de la Mezquita, el cuadro que decora todos los estantes de postales de la ciudad.

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