Plaza del Potro Córdoba

A un corto paseo al este de la Mezquita por la c/Corregidor Luís de la Cerda y su continuación, c/Lucano, está la Plaza del Potro, uno de los hitos históricos más importantes de Córdoba.

Esta antigua plaza lleva el nombre del potro que adorna su fuente del siglo XVI. Originalmente era un mercado de ganado que comerciaba con caballos y mulas, la zona tuvo una reputación villana, al igual que la notable posada de enfrente, la Posada del Potro, que Cervantes menciona en Don Quijote, y donde casi seguro se alojó.

Restaurado con esmero, el edificio, con un ambicioso patio de ganado, se está transformando actualmente en un centro de estudio del arte flamenco.

Ligeramente al suroeste de la plaza, de vuelta a la Mezquita, una visión de cómo Córdoba pudo haber vivido en su apogeo morisco se puede obtener en el Hammam Baños Arabes, c/Corregidor Luis de la Cerda 51, un complejo de baños moros a gran escala que recrea la arquitectura y la atmósfera de un hammam medieval.

Está abierto todos los días, pero es necesario reservar con antelación y las sesiones (con una duración de 2 horas) se realizan de 10 de la mañana a medianoche; los precios comienzan a partir de 26 euros por un simple baño y se necesita un traje de baño.

Plaza de la Corredera

Al norte de la Plaza del Potro, en una zona que fue una vez el barrio de los plateros, se encuentra la Plaza de la Corredera, una plaza con columnas, una vez destartalada pero ahora maravillosamente restaurada, muy parecida a la de Madrid o la Plaza Mayor de Salamanca.

Única en Andalucía, el recinto completo de la plaza se produjo en el siglo XVII y ofreció a la ciudad un espacio adecuado para todo tipo de espectáculos. Estos han incluido quemas de la Inquisición así como corridas de toros, de las que toma el nombre el diminuto Callejón Toril en el lado este de la plaza.

Después de décadas de retraso, la ciudad ha rescatado finalmente esta notable construcción y ahora los bares y restaurantes han abierto y sus terrazas se han convertido en lugares populares para sentarse en las tardes de verano.

Museo de Bellas Artes y Museo Julio Romero de Torres

En el lado oriental de la Plaza del Potro, el antiguo Hospital de la Caridad, fundado en el siglo XVI, alberga actualmente el Museo de Bellas Artes (martes de 2.30 a 8.30, miércoles y sábado de 9 a 20.30, domingo de 9 a 14.30; 1,50 euros, gratuito con el pasaporte de la UE).

Entre una colección bastante poco llamativa se encuentra una Inmaculada Concepción de Murillo, así como obras de Valdés Leal y algunos dudosos Zurbaráns.

Un par de interesantes dibujos del artista británico victoriano David Roberts (no siempre expuestos) representan el Patio de los Naranjos y la Puerta del Puente de la Mezquita tal y como eran a finales del siglo XIX. En la planta baja hay una pequeña colección arqueológica, así como una colección de esculturas y pinturas modernas bastante monótonas.

Al otro lado del patio hay un pequeño museo (mayo-septiembre, de martes a sábado, de 10 a 14 y de 17.30 a 19.30, domingos de 9.30 a 14.30; octubre-abril, de martes a sábado de 8.30 a 14.30, domingos de 9.30 a 14.30; 4 euros, gratis los viernes) dedicado al artista cordobés Julio Romero de Torres (1885-1930), pintor de unos lienzos sublimes y espantosos, la mayoría de los cuales representan desnudos femeninos reclinados con guitarristas masculinos furtivos.

Atacado por las feministas y apodado "el rey del kitsch" por los críticos, los cordobeses, sin embargo, no tienen una palabra en su contra. Si desea decidir por sí mismo, el pesadillesco Cante Jondo o las estridentes Naranjas y Limones deberían bastar para darle la medida de la obra de Romero; alternativamente, basta con hojear un catálogo en el vestíbulo.

Probablemente más gratificante sería una visita a Bodegas Campos, justo al este de aquí en la c/Lineros 32, un maravilloso lugar antiguo y trepidante donde le permitirán ver las bodegas -apiladas con gigantescas botas de roble (barricas) - en las que la empresa madura su vino a través del sistema de solera de mezcla. Puede probar el artículo terminado - además de las tapas - en su bar, y es una muy buena Montilla, también.

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